Nada más levantarme hoy, escuché que la bisexualidad es el amor más puro. La libertad de enamorarte de una persona, independientemente de su sexo. Hablaba una mujer, que tras creerse hetero durante años, un día se levantó, sorprendida al sentirse enamorada de otra mujer. Y aturdida, pensó que se había vuelto lesbiana. Sin embargo, llegó a la conclusión de que había desarrollado la capacidad de sentir amor, atracción, y ante todo el valor de demostrarlos, hacia una persona de su miso sexo. Sus barreras personales, las suyas y las impuestas desde fuera, se vieron vencidas por unos nuevos sentimientos de los que no estaba dispuesta a renegar por lo que pudieran decir. Me parece valiente. Alcanzar una sociedad en la que esté permitido enamorarse de las personas, sin que se tache de vicioso al que resulte que se enamora de personas de distinto sexo a lo largo de su vida. ¡Qué rápidos somos con las etiquetas! Es lo más fácil y permite vivir sin reflexionar sobre absolutamente nada. Sin embargo, escuchar hablar a esta persona, me ha parecido precioso, y para esos expertos etiquetadores, quería publicarlo aquí.
sábado, 28 de julio de 2007
SOLA

Tan necesario como salir, es quedarse. Necesito mis horas conmigo, o me vuelvo loca. Necesito mis silencios, y mis pensamientos sin respuesta. Necesito mis momentos de arrastrarme por mi nostalgia. Necesito sumergirme en mi música. "To forgive" de Smashing Pumpkins, o "Hope There's Someone" de Antony and the Johnsons nunca suenan igual cuando uno está solo. Nunca me cansaré de decir lo necesario que es echar de menos para apreciar lo que uno tiene. Quizá el estar solo a uno le hace darse cuenta de sus carencias y así hay margen de anhelar una compañía mañana. Estar sola me da tranquilidad para recapacitar sobre lo que quiero, sobre lo que me sobra en mi vida, sobre lo que me falta. Ver el mundo a través de los ojos de los demás, a través de la comunicación, de las respuestas y las réplicas, al mismo tiempo que enriquece, marea. No es suficiente el tiempo de mi sueño para estar sola. Necesito estas noches de verano para mirar por la ventana y no ver nada, y a un tiempo verlo todo. Todo lo que hay que ver. Lo que deja ver la luz de la luna. Lo que esconde. Y tan necesario me parece esto como el tiempo fuera. Siento que cuando paso mucho tiempo sin estar sola me ahogo, y necesito sacar el pie fuera de la cama para anclarlo en el suelo y darme estabilidad, como si estuviera borracha en un mar de conversaciones. En estos ratos, deliciosos e intensos, uno repasa la lección. Se reconoce en su vida y en sus actos, pasa el antivirus de la conciencia sobre su vida y elimina los recuerdos dañinos para el sistema. Uno se recompone y se siente fuerte para mañana volver a ser él mismo con más fuerza. Fresco, limpio, seguro y auténtico.
Estoy en la gloria con mi silencio y escuchando a Jon Brion, quizá echando de menos a alguien que veré mañana... "Strings That Tie To You"
Ya lo dijo Miranda Hobbs "I'm sick of dealing with other people's neurosis" . Y añado yo... si antes no he lidiado con la neurosis propia.
lunes, 23 de julio de 2007
*Expos este Verano*

Este foto reportaje de espacios increíbles, está ahora mismo expuesto en Madrid, pero por partes. La sala de las Puertas, está expuesta en la sala de exposiciones de EFTI (c/Fuenterrabía, 4-6). La merienda con el Sombrerero Loco, está en a Casa de Vacas, de El Retiro, con la exposición "20+20. Presente y Futuro de la Fotografía"
Esta es una serie basada en espacios imposibles que sólo existen en la imaginación de un escritor zurdo y tartamudo, y en sus largos paseos plagados de cuentos e historias con las niñas Liddell. Estas tomas son un intento de sacar verosimilitud de lo inverosímil, utilizando el medio que da credibilidad a cada circunstancia: la fotografía.
Parece mentira que en un viaje tan maravilloso, Alicia se olvidara la cámara.
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sábado, 21 de julio de 2007
PeDaZoS

Escribo, porque escribir es lo que hago cuando las cosas no van bien por mi cabeza. Cuando miro la fecha en la que creé este blog se me pone la piel de gallina. Lo rápido que han pasado los meses. Es increíble. Lo cierto es que mi mala memoria hizo que se me olvidara durante mucho tiempo la contraseña para poder entrar y editar este espacio en el ciberespacio. Y milagro milagroso, el otro día la recuperé de nuevo, por un golpe de suerte, de mi riego cerebral o de buena fe. No lo sé. Me fastidiaba perder un espacio con un nombre tan chulo, lo reconozco.
Supongo que ha sido la misma mala cabeza que me impedía rescatar la contraseña de mi materia gris, ese mareo extraño que impide discernir la galbana de la realidad, la que me ha hecho romper esta mañana, nada más levantarme, una copa de esas que uno tiene en casa para cuando vienen las visitas o para cuando se siente sumiller una tarde de verano. Algo tan delicado de pronto hecho añicos. Tan preciso, tan precioso, tan perfecto. Una mala maniobra al coger la leche, y ahí estaba hecho cientos de pedacitos en el suelo de la cocina. Al intentar recogerlos, no paraba de seguir pisando cristales, que crujían bajo las suelas de las sandalias. Y al final, toda esa perfección, reducida a basura hiriente y peligrosa. No pude evitar tomar unas fotos, porque dentro de mi somnolencia todo me parece poético e inspirador.
Quizá las personas no seamos mejores que las copas. Ni mejores ni peores. Somos un todo, perfecto y equilibrado, hasta que una mala maniobra nos rompe en pedazos. Y nos sentimos tan vulnerables, que nos volvemos basura hiriente y peligrosa. Cuando saqué estas fotos esta mañana, no pensaba en las personas, si no en las relaciones. En la fragilidad de la perfección y el equilibrio entre personas. Pero ahora creo que esa copa hecha añicos he sido yo después de comer este mediodía, y mi experiencia matutina sólo me presagiaba el desarrollo de mi jornada. Después de recoger los pedacitos, me fui a lavar la cara, y descubrí con asombro una avispa muerta adherida como con velcro a la toalla mientras me secaba. Fue como una aparición extraña y siniestra. Creo que entonces debería haberme vuelto a la cama y despertar mañana, porque los pedacitos de mi corazón no se recogen tan fácilmente como los de la copa rota de cristal.
Supongo que ha sido la misma mala cabeza que me impedía rescatar la contraseña de mi materia gris, ese mareo extraño que impide discernir la galbana de la realidad, la que me ha hecho romper esta mañana, nada más levantarme, una copa de esas que uno tiene en casa para cuando vienen las visitas o para cuando se siente sumiller una tarde de verano. Algo tan delicado de pronto hecho añicos. Tan preciso, tan precioso, tan perfecto. Una mala maniobra al coger la leche, y ahí estaba hecho cientos de pedacitos en el suelo de la cocina. Al intentar recogerlos, no paraba de seguir pisando cristales, que crujían bajo las suelas de las sandalias. Y al final, toda esa perfección, reducida a basura hiriente y peligrosa. No pude evitar tomar unas fotos, porque dentro de mi somnolencia todo me parece poético e inspirador.
Quizá las personas no seamos mejores que las copas. Ni mejores ni peores. Somos un todo, perfecto y equilibrado, hasta que una mala maniobra nos rompe en pedazos. Y nos sentimos tan vulnerables, que nos volvemos basura hiriente y peligrosa. Cuando saqué estas fotos esta mañana, no pensaba en las personas, si no en las relaciones. En la fragilidad de la perfección y el equilibrio entre personas. Pero ahora creo que esa copa hecha añicos he sido yo después de comer este mediodía, y mi experiencia matutina sólo me presagiaba el desarrollo de mi jornada. Después de recoger los pedacitos, me fui a lavar la cara, y descubrí con asombro una avispa muerta adherida como con velcro a la toalla mientras me secaba. Fue como una aparición extraña y siniestra. Creo que entonces debería haberme vuelto a la cama y despertar mañana, porque los pedacitos de mi corazón no se recogen tan fácilmente como los de la copa rota de cristal.
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