
"El engaño forma parte de la vida y debe uno tener la posibilidad de ponerlo en práctica"
Así reza un artículo escrito por Javier Marías. Pienso que hay tanta verdad en esas palabras, que se me ponen los pelos de punta. Cada día es más difícil salvaguardar la intimidad personal, huir de la mirada indiscreta de los demás, saberse libre del control de nadie. Lo peor de todo, es que somos nosotros mismos quienes vendemos a precio de costo lo más valioso que tiene el ser humano: el secretismo; la bendición de ser uno mismo en la más absolutamente remota de las situaciones, sin que nadie pueda ni deba dar cuenta de ello.
"¿Dónde estabas ayer? Te estuve llamando ál móvil, y no me cogías"... Bueno, pues si no te cogía, a lo mejor es porque no me apetecía contarte dónde estaba, o aun mejor, quizá es que no me apetecía hablar contigo. Me apetecía estar "por ahí" con quien fuera haciendo lo que fuera. Siempre tiene que haber secretos inconfesables para con uno mismo. Esos "s.s.b." (secret single behaviors) que ensalzaban las protagonistas de "Sexo en Nueva York". Y este secretismo incluye el poder estar donde a uno le apetezca en cualquier momento sin que nadie más tenga por qué poder localizarnos. Efectivamente, hemos vendido nuestra intimidad por una supuesta mayor seguridad, que realmente no llega... ¿Alguien se siente más seguro por estar localizable a todos los niveles constantemente?
Estoy de acuerdo en reivindicar la distancia y el espacio personal que nadie debería de invadir. Cada día admiro más a las personas que se escapan del imperio del teléfono móvil y huyen de las videocámaras, pues no hacen si no lanzar un grito en pos de su libertad individual.
Así reza un artículo escrito por Javier Marías. Pienso que hay tanta verdad en esas palabras, que se me ponen los pelos de punta. Cada día es más difícil salvaguardar la intimidad personal, huir de la mirada indiscreta de los demás, saberse libre del control de nadie. Lo peor de todo, es que somos nosotros mismos quienes vendemos a precio de costo lo más valioso que tiene el ser humano: el secretismo; la bendición de ser uno mismo en la más absolutamente remota de las situaciones, sin que nadie pueda ni deba dar cuenta de ello.
"¿Dónde estabas ayer? Te estuve llamando ál móvil, y no me cogías"... Bueno, pues si no te cogía, a lo mejor es porque no me apetecía contarte dónde estaba, o aun mejor, quizá es que no me apetecía hablar contigo. Me apetecía estar "por ahí" con quien fuera haciendo lo que fuera. Siempre tiene que haber secretos inconfesables para con uno mismo. Esos "s.s.b." (secret single behaviors) que ensalzaban las protagonistas de "Sexo en Nueva York". Y este secretismo incluye el poder estar donde a uno le apetezca en cualquier momento sin que nadie más tenga por qué poder localizarnos. Efectivamente, hemos vendido nuestra intimidad por una supuesta mayor seguridad, que realmente no llega... ¿Alguien se siente más seguro por estar localizable a todos los niveles constantemente?
Estoy de acuerdo en reivindicar la distancia y el espacio personal que nadie debería de invadir. Cada día admiro más a las personas que se escapan del imperio del teléfono móvil y huyen de las videocámaras, pues no hacen si no lanzar un grito en pos de su libertad individual.