sábado, 30 de mayo de 2009

"No me gustan las fotos cuando duelen"_ A. GARCÍA-ÁLIX




"Nietzsche dijo que no hay mundo sin espejo.

Un espejo para desnudar el alma.


La escenografía visible de un sentimiento al compás de sus emociones.

Hoy tengo la conciencia de que una forma de ver es una forma de ser.

Soy fotógrafo.

La fotografía es el espacio donde imaginarme.

En la fotografía, destino y presente sueñan en el latir de un fragmento de tiempo, un permanente pasado.

Un permanente pasado...

No hay retorno posible.

Con las fotografías un mar de recuerdos se despierta.

Se agita. Se encrespa...

Fotos y más fotos que dejan tras de sí un eco. El eco de mis pasos.

La fotografía es un certificado de presencia... De ausencia.

La fotografía es iconografía de muerte. Está en su naturaleza. En ella ya no somos como somos. Somos como éramos...

Ciertamente en la fotografía hay un elemento fatalista.

En cien años todos calvos. Quiero decir que una colección de retratados es una colección de futuros cadáveres.

La fotografía es un poderoso médium.

Nos lleva al otro lado de la vida.

Y allí, atrapados en su mundo de luces y sombras,

siendo sólo presencia, también vivimos.

Inmutables. Sin penas. Redimidos nuestros pecados.

Por fin domesticados... Congelados.


Al otro lado de la vida... De donde no se vuelve."


Alberto García-Álix


jueves, 7 de mayo de 2009

...Encuentro...

- ¿Sonia?
- ...- Sonia, de pie esperando cruzar la calle, miró de reojo al muchacho, mientras daba un sorbo al café que llevaba en la mano y fruncía el ceño dejando entrever que no tenía ni idea de con quién estaba hablando.
- ¿No sabes quién soy? Yo sí sé quién eres...
- ...- ella le miró fijamente entornando los ojos como queriendo escanear en sus pupilas su número de la seguridad social- lo siento, pero ahora mismo no caigo.
Entre la confusión del encontronazo, el semáforo se había puesto de nuevo en rojo para los peatones. Sonia miró angustiada al personaje colorado y luminoso de la señal que le indicaba que no le quedaba más remedio que quedarse hablando con el extraño desconocido que decía conocerla.
- Pues como no me des alguna pista...- dijo ella mientras empezaba a darse cuenta de que, después de todo, no le disgustaban sus ojos.
- Bueno, es que hace mucho tiempo, es normal. Soy David.
- Pues... Encantada, David- dijo ella mientras se inclinaba ofreciendo la mejilla para soltar a su vez un distraído beso al aire rozando su cara. Podía haber fingido acordarme de quién eres, pero la verdad es que me pillas en blanco.
- Siempre fuiste un poco despistada.
- ...- no sabía si sentirse halagada o indignada por el comentario. ¿Quién era este personaje que creía conocerla tanto?- sí- dijo al fin- lo sigo siendo.
- Hay cosas que nunca cambian- dijo él sonriendo triunfante.
- Te diría algo de ti, David, pero... es que no consigo recordar tu cara.- dijo ella con una gran sonrisa alimentada por el ansia de terminar con la incertidumbre lo antes posible.
- Bueno, es que, al fin y al cabo, nos hemos conocido hace un momento.
- ¿Cómo dices?- preguntó ella confundida.
El pasivo monigote colorado se tornaba de nuevo verde señalando a los pasivos viandantes que era la hora de reanudar su peregrinación allá donde se dirigieran. Sin embargo, esta vez fue Sonia la que no se movió.
- Decía que me acabas de conocer. Es normal que no sepas nada de mí- dijo él sin dejar de mostrar esa sonrisa picarona en su rostro.
- Pero... ¡Has dicho que me conocías!
- He dicho que sé quién eres... Lo cual quizá no sea completamente cierto... ¿Te invito a un café?
- No, si ya tengo...- Sonia no pudo terminar la frase. Según miró al vaso de papel de Starbucks se dio cuenta de que en él estaba escrito su nombre. Con la boca abierta, volvió a mirarle...
- Por eso sé quién eres... Y si no te has dado cuenta de ello, es porque eres despistada, supongo.
- Pues has acertado.- dijo ella, entre divertida y avergonzada por la situación.
- Si te acabas el café, te invito a otro.
Sonia se dio media vuelta, y dio unos pasos alejándose del atrevido desconocido. Tiró el vaso de papel en una papelera cercana, y volvió al lado de David en la acera de aquel paso de cebra de la madrileña glorieta de Bilbao.
- Oye, me apetece un café.- dijo sonriendo- Y también me apetece conocerte.
- Siempre fuiste curiosa.
- Y tú un payaso.