miércoles, 6 de junio de 2012

Cumpleañera Dicharachera (parte 2)

Cuando uno termina 2º de Bachillerato en el colegio o instituto y cumple 18, el mundo se torna como un abanico inmenso de posibilidades entre las que escoger. Por una parte es maravilloso, pero por otra da un poco de vértigo. Uno toma decisiones muy importantes, y tiene mucho miedo a equivocarse. La buena noticia es que siempre hay tiempo para dar marcha atrás. Si te equivocas no pasa nada, todos los problemas tienen solución.

Yo he tenido mucha suerte en mis años de universidad. Escogí una carrera que me apasionaba, lo pasé muy bien y disfruté mucho, y además me llevé a gente maravillosa por el camino. En estas fotos se ven personas con las que hace mucho que no hablo, otras con las que hablo a diario. Hay gente que viene y va en tu vida y hay gente que se queda.  Hay también gente con la que no hablas a menudo, pero que sabes que estará ahí siempre y puedes contar con ella. Sea como sea, creo que es maravilloso echar la vista atrás y ser consciente de cuánto amor hemos recibido en nuestra vida. El primer año de universidad fui con dos amigas a un concierto de Lenny Kravitz, con Macy Gray de telonera, el día de mi cumple. Resultó que había sido su cumpleaños el 26 de mayo, y cantó el cumpleaños feliz. Yo no me podía sentir más halagada. La vida siempre te da sorpresas.

Lo genial de tener amigos artistas, es que te hacen regalos muy especiales, como el cojín cosido y pintado a mano con una bruja, que me hizo Irene, o el retrato ilustración de Amaya. También están las tarjetas cumpleañeras, como la que me regaló Rebeca cuando cumplí 21. 


De todos los años de universidad, el más intenso fue el último, con el proyecto de final de carrera. Recuerdo que por la temporada de mi cumpleaños estaba agotada, después de una serie de noches sin dormir, y con un montón de trabajo por hacer y de apuntes por estudiar. Estaba en mi habitación trabajando, y de pronto me llamó mi madre. Cuando bajé a la cocina, me encontré a mis más queridas amiga de la facultad, disfrazadas de ensalada (era una gracia nuestra) en la terraza de mi casa. Me habían preparado una merendola para celebrar mi cumple, aunque fuese un rato. Me quedé asombrada mirando a mi madre, que estaba metida en el ajo hasta el fondo. ¡No me podía creer que hubiese podido mantener el secreto! ¡Qué ilusión y qué alegría! Es una de esas cosas que uno ve pasar en las pelis, y le encantaría vivirlas. Pues mira qué suerte tuve. Fiesta sorpresa, y por segunda vez en mi vida.

Después de cinco años de carrera, aún me quedaron ganas de seguir estudiando (y siguien sin quitárseme del todo, la verdad). Un cumpleaños que recuerdo con mucho cariño fue el vigésimo cuarto. Coincidió con una exposición en Segovia de la escuela de imagen EFTI, donde hice un máster al acabar la carrera junto con mi amiga Amaya. Fui con mis padres, con mi hermano, y con mi amiga Paloma, que se apuntó a comer cochinillo y a ver la expo. Es lo que mola de que pasen cosas en tu cumple, los vuelve inolvidables del todo.


Ese año Paloma me hizo un regalo muy especial: su peluche favorito de Mr. Potato, con una tarjeta que guardo con mucho cariño. Ella siempre dice eso de : "te llevo en la patata", y con este regalo quedó ilustrado perfectamente. Siempre que veo ese Mr. Potato en casa, me acuerdo de Palomita.


Un año más tarde empecé a trabajar como profesora, y después de las vacaciones de Semana Santa me pidieron hacer un mural para la fiesta del colegio. El tema eran las Olimpiadas (año 2008). Con las mascotas a tamaño monumental tuve que rellenar paneles de 2,4 metros de alto por 1,2 de ancho. ¡Ahí es nada! Como me parecía que quedaba soso, me metí yo sola en el embolado de hacer unas columnas clásicas con poliestireno para poner entre un panel y otro. Por supuesto que con las clases, las correcciones, las preparaciones de exámenes y todo lo que conlleva dar clases, no me daba tiempo, y tuve que ir haciendo las columnas en casa (los paneles, con semejante tamaño, me los tenía que pintar en el colegio como fuese). Lijando las columnas en la terraza de mi casa, me resbalé con el polvillo que iba cayendo al suelo, y me rompí un hueso del pie. Un mes de baja. Eso es dejarse la piel en el curro. Total, que ese cumple mis amigos vinieron a casa a comer un trozo de tarta y felicitarme el año. Ese, tengo que ser sincera, no fue mi cumpleaños preferido. Pero me llegó al alma que viniesen a soplar las velas juntos.
Por eso unos meses más tarde decidí recelebrar mi cumple con una fiesta temática de super héroes inventados. Fue una idea que tuvo mi amigo Alberto, que es un tío muy creativo. Estábamos de lo más graciosos: Ultravioleta, Superglue (esa era yo), WonderBra, Flash Gordo... ¡No sabéis que divertido!

No sabía yo entonces que un año más tarde volvería a estar de baja el día de mi cumpleaños, con una amigdalitis bestial que hacía torcer el gesto a los médicos más pintados, cuando yo abría la boca y les enseñaba lo que tenía ahí dentro. Hacía un mes y medio que había conocido a mi chico y me daba mucha rabia estar tan malita en el mes de junio. El príncipe azul vino a mi casa con una tarta de chuches y un regalo encantador, y si tenía alguna duda (que va a ser que no) ya me di cuenta para siempre de que es el chico más maravilloso que he conocido en mi vida.


Como no lo pude celebrar en su momento con mi gente, al ponerme buena invité a mi casa a una fiesta piscinera a mis amigos. Lo pasamos genial, como todos los veranos, y pude gritar, con mi garganta ya buena, lo contenta que estaba de tenerles allí. Me hizo mucha ilusión que viniesen todas mis chicas, incluyendo a Olguita, que la veo menos pero también la quiero mucho.

Tampoco sospechaba ese año (así es la vida, nos pasan las cosas sin que nos podamos anticipar, y siempre nos sorprende) que el año siguiente mi príncipe tendría que felicitarme desde la distancia, porque le mandaron a un proyecto a Líbano. Ese año me llegó un ramo de rosas rojas que hizo que se me cayesen lágrimas como puños de la emoción.


Ese cumple fue especial por otro motivo: fue mi primer año como tutora en el colegio. Me tocó un grupo de niños excepcionales, a lo que tengo un montón de cariño. El día de mi cumple me regalaron una cartulina enorme de color naranja con fotos de todos y dedicada por cada uno para su tutora. El trabajo de tutoría es muy duro (no se sabe hasta que no se experimenta), pero los alumnos hacen que merezca la pena cada minuto empleado y cada quebradero de cabeza. 



En mi grupo de amigas todas vamos creciendo (no tengo la exclusiva en esto de cumplir años), y cada vez nos cuesta más quedar. Cada una con su pareja, algunas con sus niños, otras que viven lejos, cada cual con su trabajo, sus líos, sus preocupaciones. Los cumples son una excusa perfecta para vernos y cenar tranquilas. Los maridos lo entienden, los novios también, y si hay que dejar a los niños con la abuela, pues se dejan. Y año tras año al menos conseguimos vernos todas juntas en los cumples. Amaya, Moni, Mar, Sofi, Rous y Lomis. Tengo un reservado especial para vosotras en mi cuore.

El año pasado Ale me volvió a sorprender con un regalo muy dulce que os enseño aquí abajo. Me gusta que siempre envuelve los regalos en cajas que no les corresponden para confundirte y que pienses que te va a regalar una cosa, cuando en realidad dentro ha metido algo totalmente diferente. ¡Para eso se las pinta y siempre me deja con la boca abierta! Mi vida es mucho más dulce y feliz contigo a mi lado.


Y ya hemos llegado piano piano a este año, tan especial también. Ya lo he celebrado en parte, pero me falta juntarme con mis chicas, y tengo varios planes en mente para hacer que sea otro cumple to remember. Gracias a mis alumnos por haberme demostrado tanto cariño el día de la fiesta del cole, y por esos regalos maravillosos que me hacen.


Y desde esta esquinita del ciberespacio, mando un gracias enorme a mis amigos, a mi chico y a mi familia. Por haberme ayudado tantas veces a crecer y a madurar. Por darme cariño cuando lo necesito. Por aguantarme año tras año. Por hacer que podamos seguir juntos. Juntos, nada más. Eso es lo más importante. Os quiero.

Para terminar estos dos post tan emotivos que me han supuesto un paseo precioso por mis memorias, os dejo las frases finales de la película "American Beauty". Es algo así lo que siento cuando pienso en todo el amor y toda la belleza que tenemos a nuestro alrededor en la vida. El protagonista habla de sus sensaciones una vez muerto. Es curioso que tengamos que terminar nuestra estancia en este mundo para ver lo bella que fue nuestra vida:

"... cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez, y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella, y entonces fluye dentro de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro. Pero, no se preocupen, algún día la tendrán".

4 comentarios:

Loreto dijo...

Qué bonito! Se nota que la gente que te quiere te lo demuestra con esos super cumples.
Me ha encantado esta entrada; sé que te lo digo muchas veces pero te lo vuelvo a decir, no dejes nunca de escribir! Es impresionante la alegría que me transmites con todo lo que escribes y lo que me haces reflexionar sobre la vida. Mañana te cuento mi reflexión :) Un besazo.

Olguita dijo...

Me ha encantado pequeñaja! Teailoviuuu! Y a la fiestaca de este año... Espero q m invites! :)
Muaaak

Anónimo dijo...

Jo piik!! Estoy llorando como una tontuca!!!! Te quiero mucho amol!!!! Merecieron la pena todos los disgustos del puñetero Sr. Isabel, solo por haberme hecho cruzarme contigo, vasquita linda!!!
Me gusta haberme hecho un pichón mayor a tu lado.
Un besazo enorme!!!!!

...nai... dijo...

Muchas gracias chicas!! Yo también os quiero :)