Veo que no he escrito en una semana completa, y me parece que alguien ha pulsado el mando del "fast forward" en el mando de la tele. No me dan para mucho más las horas del día en esta temporada. Voy a intentar mejorar esta semana, porque lo cierto es que si no escribo, me falta algo.
Hoy voy a dedicar mi post a uno de los mejores inventos del siglo XX: IKEA. Más que a sus productos, archiconocidos por poner al alcance de la mano de cualquier bolsillo una decoración de diseño para su casa o negocio, por su filosofía como empresa.
Empiezo con este maravilloso anuncio, que para mí cambió la perspectiva del mundo del mueble y la decoración a nivel mundial. Como todos sus anuncios, resume una filosofía que hace nuestra vida mucho más fácil. Por cierto, esos felpudos ya los tienen a la venta.
Es cierto que las normas de la casa de cada uno son únicas. Como seres individuales con nuestro bagaje y toda nuestra experiencia en la mochila, hacemos de nuestro hogar nuestro reino, nuestra república, nuestro rincón favorito del mundo.
Las casas con IKEA dejan de ser esos fríos y perfectos lugares que anuncian las revistas de decoración. Los hogares pasan a ser, lo que siempre han sido: los espacios donde vivimos en la intimidad los seres humanos. Los espacios donde reímos, lloramos, saltamos, desordenamos, manchamos, limpiamos, volvemos a ordenar, soñamos. Los hogares no son nada sin las personas que los ocupamos y les damos vida. Eso es lo que introduce IKEA dentro de sus anuncios: personas.
Éste es otro de mis anuncios favoritos, en el que nos damos cuenta de que las casas no son más que los momentos que vivimos en ellas.
IKEA también nos habla en sus anuncios de la visión de los niños de su casa, de su espacio, de su refugio.
Y algo muy típico de la filosofía IKEA, y contradictorio si uno lo piensa para una empresa que vive de que los clientes compremos cosas, es aquello de "no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita". ¿Os acordáis de este anuncio?
Uno de mis anuncios favoritos de IKEA es el de mayo de 2012. Me inspira mucho el mensaje del anuncio. Cada una de las frases que dice. Os las transcribo, y os deseo un muy feliz martes.
"Atrévete. A cambiar lo que es feo. A luchar contra lo gris. A tener menos cosas. Atrévete a la luz. Atrévete a probar. Y a equivocarte. ¡Vamos, abre las ventanas! ¡Las puertas! Atrévete. Empieza a cambiar pequeñas cosas, y a descubrir que no son tan pequeñas. Tu revolución empieza en casa".
La primera vez que vi la palabra "vintage" fue en una revista de moda. O quizá fue en un blog. Describía los complementos de una modelo acuñando la tienda y precio de cada uno. En el bolso ponía simplemente "vintage". Se puede traducir como: "bolso viejo que tenemos por casa y ni nos acordamos de cuándo o dónde nos lo compramos, pero nos queda bien, nos gusta, y nos da igual que sea de temporadas prehistóricas".
La segunda vez que oí la palabra "vintage" fue en Oporto, cuando nos enseñaron en una bodega que "vintage" es un vino de allí con añada de calidad excepcional según el dictamen del Instituto do Vinho do Porto.
Y hace cosa de un año, empecé a interesarme por la decoración "vintage", que es el tipo de decoración que siempre me había gustado, pero como no estaba de moda, antes no tenía un nombre concreto. En la decoración vintage se utilizan elementos decorativos antiguos como cámaras de fotos o de escribir, maniquíes, muebles reciclados, armarios envejecidos o pintados... Nada tiene que hacer especial juego con otra cosa, más que por esa pátina de vida que tiene todo lo que no acaba de salir de una tienda. Los muebles de IKEA son somo recién nacidos. Los muebles de segunda mano; esos que has heredado de la casa del pueblo de los abuelos; esos, ya han tenido una vida, o más de una. Y lo cierto es que tienen un aura, igual que la que nos va acompañando a las personas a lo largo de los años de nuestra existencia. Nuestro rictus, nuestra pátina, nuestra experiencia, nos hace más completos, más tranquilos, más seguros. Eso no impide que diariamente intentemos reinventarnos a nosotros mismos, lo cual nos mantiene vivos. Algo así es la decoración vintage.
A mí siempre me atrajo este tipo de espacios (antes de la fiebre vintage que hay ahora mismo) porque creo que en ellos se respira más a la persona que vive dentro. Os pongo un ejemplo. Este verano estaba en Portugal en un restaurante comiendo un arroz con marisco muy rico. Cuando fui al baño me encontré con un espacio precioso. Una encimera de madera maciza sacada directamente de una tajada longitudinal del tronco de un árbol, con el lavabo tallado en ella. El mueble sobre el que apoyaba la tabla estaba formado por las patas de una máquina de coser antigua. Puede sonar extraño, pero era encantador. Y cuando salí de allí, no podía dejar de mirar a la dueña con otros ojos. Porque ese toque, esa sensibilidad, esa visión para convertir un lugar corriente y anodino en algo único, me hizo pensar que era una mujer muy especial.
Siempre me ha gustado que las cosas tengan sentido para nosotros; sentirme identificada con lo que hago, con el espacio que ocupo, con mis relaciones personales, con mi aspecto. Es la forma de sentirse pleno. Me gusta mirar a mi alrededor y encontrar siempre un bagaje de vivencias que me acompaña. Esto me recuerda quién soy, por si en algún momento se me olvida.
Hay un libro de Emily Chalmers que se llama "modern vintage" que combina elementos antiguos con muebles modernos tipo IKEA, para diseñar espacios contemporáneos, funcionales, adaptados a nuestros tiempos, pero llenos de esa magia del pasado que traen los objetos con historia.
Modern Vintage. Emily Chalmers
Son espacios con alma. Después de ver estas fotos, entiendo que esta tendencia se llame vintage. La vida pasada de los objetos a nuestro alrededor nos recuerda quiénes somos, con todos los días de nuestra vida a la espalda; nos recuerda que nosotros, como el vintage, somos de una añada excepcional.
Allá por mayo, unos investigadores de la Universidad de Oxford y la City University de
Londres, en Reino Unido, aseguraron que los impuestos alimenticios que
benefician a los productos más saludables, como frutas y verduras, y
penalizan a la comida rica en grasas y a las bebidas azucaradas son
eficaces para mejorar la salud de la población mundial. Según estos estudiodos, subiendo las tasas alimentarias un 20% en la comida basura y las bebidas azucaradas, se conseguiría reducir la población obesa en un 8 -10 %. (Podéis leerlo aquí).
Cuando oí esta noticia en los medios de comunicación, me pareció un tanto extrema. El problema de la alimentación tiene mucho que ver con la educación de la población, y sobre todo con el poco tiempo que invertimos en cocinar alimentos sanos, mucho más laboriosos de preparar que los precocinados. Los estados deberían de castigar más a los establecimientos que envenenan a la población, antes que a las personas que compran esos productos por falta de tiempo, presupuesto o formación. Les parece mal que comamos comida basura, pero no hay problema en anunciar diariamente cientos de productos precocinados llenos de grasas saturadas y azúcares en los medios de comunicación y compactar en las ciudades miles de establecimientos donde se venden este tipo de productos.
¿Y los que seguimos llevando una alimentación saludable pese a todo? ¿No nos merecemos un premio, como pagar precios razonables por la fruta y la verdura?
El otro día me acordé de este tema, porque fui a cenar a un restaurante japonés que me habían recomendado. Es un lugar que defiende un concepto de comida rápida, barata, y sobre todo sana. Porque, al fin y al cabo, estas cosas no son incompatibles.
El restaurante del que os hablo de llama MAKI. Apuntaos el nombre, porque estoy segura de que va a dar mucho que hablar. El primer maki se inauguró en Las Tablas en marzo de 2011. Le siguió
Méndez Álvaro y Malasaña. Sus fundadores, Jose y Alex, quieren
compartir nosotros su gran pasión por comer y divertirse comiendo. Maki es un lugar para todos los públicos; los amantes del japo y los
que se inician en esta aventura culinaria, que descubrirán que la cocina
japonesa es mucho más que solo sushi. La alimentación de este establecimiento se apoya mucho en el pescado, las algas y el arroz, aunque también tienen otros platos como brochetas (de pollo, solomillo, langostinos o salmón), fideos, tempura, ensaladas, teriyaki, teppanyaki y katsu. El procedimiento es muy parecido al de un restaurante de comida rápida, y el timing también (son muy rápidos, en serio). Llegas, pides, pagas, te dan tu bebida, te sientas, y en un santiamén te traen tu comida a la mesa. Así de fácil. Lo bueno, es que en vez de una hamburguesa grasienta, este fast food es good for you.
Me gusta mucho que tengan una serie de kombos y platos combinados donde escoger, para ponernos más fáciles las cosas a la hora de hacer una buena selección de comida. Como veis, el summer box era muy completo, y a un precio muy razonable. Verduras, pescado, un poco de arroz y pasta. Una comida saludable, divertida, riquísima y barata.
Te sirven un lunch box con tus palillos, y comes requetebien. Os lo recomiendo. Además, el ambiente de los restaurantes es muy fresco y está todo limpísimo. La imagen gráfica de la marca es muy juvenil y liviana, con un toque de naif. Es un sitio divertido, donde dan ganas de repetir.
Y digo yo... ¿No podrían los estados favorecer y dar facilidades a empresarios como Jose y Alex, para que las ciudades se llenen de conceptos saludables, económicos y divertidos como éste? Desde luego los ciudadanos lo ganaríamos en salud y en buen humor, sin que se resintiese nuestro bolsillo. Enhorabuena por esta iniciativa estupenda.
¡Ah! Y para los que no estéis muy puestos en comida japo, han añadido un glosario en la página web de maki. Aquí os lo enlazo.
Una imagen vale más que mil palabras. Ésa es una máxima por la que nos regimos en nuestra sociedad, más que nunca antes en la historia. La imagen cuenta para nuestra percepción de todo: personas, lugares, y, sobre todo, marcas. Lo que diferencia a una marca de otra, muchas veces es sólo su imagen de marca y no tanto la calidad del producto que ofrece. Hay marcas que son el mismo perro con distinto collar.
Por eso es tan importante que las imágenes corporativas de las empresas sean sólidas y transmitan lo que la marca quiere que pensemos de ella. Confianza, innovación, calidad, tradición, descaro, juventud... Hay infinidad de conceptos. Como ya comenté en una ocasión,es muy importante la impresión que causamos en el cliente que nos percibe como marca. Gráficamente, la primera decisión que tenemos que tomar para dar personalidad a una empresa será el nombre y el logotipo. El logo representa a la empresa, persona o institución a la que hace referencia. Una empresa con una buena imagen corporativa y una buena estrategia de marketing consigue que al ver esto...
... estemos viendo directamente La Caixa, sin necesidad de que nos indiquen
ya el nombre de la entidad. El logo se convierte en el rostro
reconocible de la marca. El de arriba lo diseñó Miró, y muestra, de una forma muy esquemática y primaria, a una persona echando una moneda en una hucha. Hay quienes lo ven y quienes no lo ven, pero los logos acaban siendo simplificaciones de un concepto materializadas gráficamente en un símbulo que tiende a ser sencillo y rotundo. Esto permite que sea fácilmente recordable por el cliente. Desde luego el de Miró lo es.
Aquí tenemos otro que ejemplo de una diseñadora, en ese momento estudiante de diseño, que se basó en el concepto que transmitía el nombre de la marca NIKE (diosa griega de la victoria, que se representa con alas y volando a gran velocidad), simplificando un ala hasta convertirla en el mundialmente famoso "swoosh" de Nike, que la marca exhibe orgullosa sin necesidad de utilizar su nombre. La marca se convierte en el logo.
Este verano he tenido dos momentos que me han llevado a reflexionar sobre la importancia de la imagen corporativa de las marcas y el calado que tienen en la sociedad. En el primero de estos momentos yo me encontraba en el Algarve portugués. Estábamos haciendo la compra en un súper, y buscábamos margarina. Pero no valía cualquier margarina; queríamos margarina "Tulipán", que es la que más le gustaba a todo el mundo. Entre los envases de la cámara frigorífica del súper no había ninguna marca que se llamase "Tulipán", pero mi mano se fue directamente a una marca que se llamaba "Planta". Y no, no fue porque el tulipán sea una planta, sino porque reconocí el logo y la tipografía de la marca, que inteligentemente, se suele conservar a nivel internacional. No todas las palabras suenan bien en cualquier idioma, y hay que idear nuevos nombres para los mismo productos cuando se llevan a distintos países. Un ejemplo típico es el del "Mitsubishi Pajero", que en España se renombró como "Montero", porque eso de "Pajero" aquí suena muy, pero que muy mal. Les hice un par de fotos a los envases, que os muestro aquí, para que veáis cómo se conserva la tipografía, el logo, los colores, la disposición de las letras que forman ondas debajo del nombre, etc. Lo que cambia es el fondo de hierba impreso en la caja de margarina portuguesa, que no está en la española. Bueno, y que la portuguesa clásica tiene más sal que la española con sal... Pero es que los portugueses son muy "salaos"; yo siempre lo he dicho.
Nunca te das cuenta del peso que tienen las imágenes y símbolos en tu cabeza hasta que situaciones como ésta te hacen pararte a pensar cuántas veces a los largo de tu vida ves los logos de las marcas. No sólo en los anuncios de televisión, que son los momentos en que somos más conscientes de que nos intentan vender algo, sino en el transcurrir de todos los días de tu vida: desayunas consumiendo los logos de Kellogg's, de Tulipán, de Central Lechera Asturiana, de Fontaneda... Y, aunque no te des cuenta, los reconocerías en cualquier lugar con una facilidad que te deja a ti mismo alucinado. Suma a eso las marcas de moda, comida rápida, coches, tecnología, muebles, tiendas diversas... Y verás que el bombardeo es silencioso, pero constante.
El segundo momento de estas vacaciones que me hizo pensar en este aspecto de nuestra sociedad, es el juego Logo Quiz; un app súper entretenido que consiste en identificar logos con marcas. El juego te enseña el logo, y tú escribes la marca. Quizá pienses que conoces pocos logos de memoria. No sé si serías capaz de dibujarlos, pero desde luego te aseguro que eres capaz de reconocer muchos de ellos. Te vienen los nombres a la mente nada más ver el símbolo, y sin pensar. Os dejo una pantalla del primer nivel (a más nivel, logos de marcas más desconocidas, o menos vistos en los medios de comunicación) para que hagáis la prueba. Advierto, el juego engancha.
¿Qué tal ha ido? Seguro que de los 20, como mínimo habéis acertado 15. ¿No os resulta un poco abrumador comprobar el gran espacio que ocupan las marcas en nuestro cerebro lo queramos o no? Es cierto que las marcas se gastan cantidades atroces de dinero en diseño de imagen corporativa, marketing y publicidad... Pero desde luego a nivel de impacto, cada céntimo les sale rentable. Si no, ya os digo yo que no hubiese comprado margarina "Planta" en Portugal, si no la primera que hubiese pillado.
Si hubiera alguna forma de dejar así de grabados los conocimientos aprendidos en el colegio, seríamos unos "culturetas" de mucho cuidado. Los diseñadores de esos logos pueden morirse tranquilos: la mayoría de sus nombres no los conocemos, pero su obra ha calado en lo más profundo del inconsciente colectivo de nuestra sociedad consumista.
Lo más gracioso de todo es que a veces nos dejamos un ojo de la cara para llevar un determinado logo de una marca en la solapa, en el reloj, o en la cartera, y lo que hacemos en realidad es publicitar gratis a todas estas marcas. En la mayoría de los casos no es que nos gusten las marcas en sí, sino que nos atrae todo lo que la marca significa y la imagen de marca sobre la que se ha construido. De ahí que se compren imitaciones de marca.
Os dejo un vídeo muy interesante sobre cómo una niña de 5 años percibe los logos de las marcas, y a qué los asocia nada más verlos. Sumadle a esta niña 10, 20, 30 años y calculad el impacto que tienen las marcas en nuestras vidas.
Siento no haber escrito estos días, pero no me ha dado la vida para más, la verdad. El pasado jueves, tuvimos una cena de graduación en la que despedimos a los alumnos de 2º de Bachillerato del colegio, y les deseamos lo mejor para esta nueva etapa de sus vidas. Estos alumnos han sido muy especiales para mí, porque son el primer curso que he visto crecer desde los 12 años y me apeteció hacerles un obsequio para que recordasen siempre un par de consejos que a mí me hubiese gustado recibir a su edad.
Os dejo unas fotitos del regalo, que consistía en una taza con una frase de un wonderconsejo de Mr. Wonderful: "la única parte donde el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario".
Me parece algo que está muy bien tener en cuenta para su futura vida de estudiantes en la universidad, y después como trabajadores en el mundo laboral. Las tazas son objetos que tendemos a mirar mientras nos tomamos nuestro café mañanero y nos desperezamos. Por eso me gustan las tazas con mensaje: a base de repetirnos la misma idea, acabará calando.
La otra parte del regalo fue una tarjeta, un poco especial. La hice aprovechando blocs de dibujo técnico antiguos. Esos blocs han acompañado a los alumnos a lo largo de muchos cursos, y los han llenado de trazados, de anotaciones y problemas. Con cada portada, hice una tarjeta. Por dentro, forré cada tarjeta con una copia del examen en el que mejor nota había sacado cada alumno a lo largo del curso, para recordarles de lo que son capaces cuando trabajan. Os dejo unas imágenes de las tarjetas, que no podían ser más handmade. Cada una iba personalizada con su nombre. Desde que existe Marengo Studio, intento que cada detalle y cada regalo tengan un toque único y personal. Lo mejor de un regalo no es el dinero que inviertes en él, sino la parte de ti que pones, de tus ilusiones, de tus ganas de hacer las cosas bien, de tus mejores deseos.
Dentro adjunté una nota, que decía lo siguiente:
¡Hola!
Después de terminar 2º de Bachillerato y Selectividad, podéis estar seguros de que acaba de terminar una de las temporadas más estresantes de vuestra vida. Pero tened claro también, que esto no ha hecho más que empezar. Comenzasteis hace unos años abriendo un camino en una dirección, hacia una carrera universitaria enfocada al campo de las ciencias. Dentro de unos días tenéis que tomar una bifurcación importante: qué carrera escoger. No tengáis miedo, porque la vida es larga, y tenemos tiempo de equivocarnos. Lo importante es ser siempre sinceros con nosotros mismos y dar marcha atrás cuando nos damos cuenta de que nos hemos perdido, aunque empezar otro camino siempre dé mucho miedo y pereza. Es mejor rectificar a tiempo, que estar toda una vida perdidos sin saber a dónde queremos ir. Los años de universidad serán distintos a lo que conocéis ahora, y os esperan momentos maravillosos, pero también muy duros. Largas temporadas de estudio intenso, asignaturas que parecen imposibles de seguir o de aguantar, problemas, dificultades, y dudas, muchas dudas. Lo bueno es que todo eso se riega con momentos estupendos en compañía de mucha gente que estáis a punto de conocer, y que harán el camino más fácil. Os tengo que decir que yo os echaré de menos. He tenido especial cariño siempre a vuestro curso. Supongo que porque os he visto crecer desde 1º de la ESO que vine a hacer mis prácticas, hasta que habéis terminado en el colegio, y habéis cerrado una etapa. ¡Quién me lo iba a decir a mí! La fase del colegio no cuesta tanto cerrarla, aunque dé un poco de vértigo mirar hacia delante sin saber qué vamos a encontrar. Luego vendrán otras etapas cuando acabéis la carrera y busquéis trabajo, cuando os mudéis fuera de casa, cuando os caséis (si decidís hacerlo), e iréis poco a poco pasando de nivel, como en los videojuegos. Cada etapa de la vida tiene su parte buena. Sólo hay que saber disfrutarla. Ha sido un placer teneros en clase, mis chicos de Dibujo Técnico. Estoy muy orgullosa de todos y cada uno de vosotros. Creo que podéis llegar allí donde queráis dirigiros. Para acabar os voy a dar dos consejos que creo que son muy válidos: 1. Tened cuidado con lo que pensáis. Lo que os decís a vosotros mismos cada día cala en vuestra autoestima. No quiero que el miedo, ni los nervios, ni la inseguridad, ni terceras personas tóxicas, os hagan olvidar que sois formidables y que podéis con todo lo que os propongáis. 2. Trabajad duro. Ya lo dijo Picasso “La inspiración existe, pero tiene que pillarte trabajando”. Creo que este consejo es tan importante que debéis recordarlo cada día, y por eso os he hecho este regalo de una taza donde os lo recordará con el café (o el cola-cao) que os toméis por la mañana. Sin trabajo, no tendréis recompensa. Y, lo peor, nunca sabréis hasta dónde habríais podido llegar.
Espero que de vez en cuando os acordéis de mí, porque el Dibujo une mucho (lo que ha unido el diédrico, que no lo separe el tiempo) y me mandéis un correito contándome qué tal van las cosas. Os deseo de lo bueno, lo mejor. Un abrazo fuerte
Últimamente me da mucho que pensar esto de cerrar etapas en la vida. Son los momentos culminantes en los que te das cuenta de que, aunque día a día casi ni nos percatamos, el tiempo pasa y la vida sigue.
Por todo lo que conté ayer sobre la intimidad compartida con los vecinos, me gusta mucho una
marca que desubrí hace un tiempo en Molly Market. Se llama “New Inks on the Block”, y su estilo gira alrededor de este concepto. Estas ideas de las que he estado hablando las
plasman en sus diseños, que nos recuerdan que somos parte del mundo, del
vecindario. Me gusta mucho que el diseño de la web también refleje la idea de
la marca. Le da mucho empaque, y hace muy reconocible la marca cuando la
encuentras online. Tienen mesas, lámparas, camisetas y bolsos con
ilustraciones que hablan de las relaciones con los que nos rodean. También tienen bodies para bebé muy chulos,
zapatillas con ilustraciones preciosas, broches y adornos para el pelo.
Mis preferidas son las lámparas. Me parece muy gracioso
tener estas lámparas por casa, recordándonos que vivimos en una celdita de una
enorme colmena.
La creadora de esta marca nos cuenta en su web, que esta marca nació hace más de un año, después de descubrir una tinta estupenda que le permitía dibujar en todo tipo de soportes. Dice que su maravilloso pincel ha vuelto amenos largos trayectos en metro, congresos médicos varios, y algunas noches de insomnio. El nombre de la marca es muy chulo, porque hace un homenaje a la tinta especial que le permitió hacer realidad esta idea (new ink), y a su idea de plasmar las relaciones con el vecindario. Si lo juntamos, nos recuerda a un grupo musical estadounidense que gozó de gran fama a finales de los 80. Tuvieron un éxito a nivel mundial, vendiendo millones de copias. Son ellos los que sentaron un precedente para los grupos de chicos que pirran a las adolescentes de todas las partes del globo.
Los dibujos y apuntes de esta creativa, llenaban libretas y libretas de apuntes. El pincel mágico permitió que los dibujos viesen la luz, y tú o yo los podamos llevar puestos, o usarlos para decorar nuestra casa.
Como ya
comenté cuando os hablé de Vacía la Nevera, me gustan las marcas
contundentes, que transmiten un concepto con toda su potencia en cada
producto, en su packaging, en su web, y en todo lo que llega al cliente. Esta es otra de esas marcas que no han dejado escapar ningún detalle para dar a conocer su filosofía al cliente.
Me han hecho mucha gracia también las mesas y cajones que tienen para decorar la casa. En la sección "plantas" de su web, podéis encontrar regalos muy chulos para alguien que acabe de mudarse: un pack con plantas de cebollino, perejil y menta en una graciosa caja, es un regalo perfecto.
No dejéis de daros una vuelta por la web, porque las ilustraciones son muy bonitas. Es como darse una vuelta por el vecindario.
Para terminar el post de hoy, tan divertido con estas ilustraciones tan especiales, os dejo un vídeo de los New Kids on the Block, para animar la tarde. "You got the right stuff, baby"...
Una de las primeras cosas que tiene que aprender un diseñador es la coherencia. Ser coherente en sus diseños y poder explicar el por qué de cada decisión que toma, es fundamental para que un diseño sea potente y funcione. Cuando le preguntan: ¿por qué esa tipografía?, ¿por qué ese color?, ¿por qué ese tamaño? o ¿por qué ese tamaño?, siempre tiene que haber una explicación detrás. Si no la hay, algo suele quedar sin cuajar del todo, y el diseño cojea.
Por eso, cuando veo una marca emergente bien cuajada, que ha pensado en cada detalle, me llama especialmente la atención. Hace un par de findes (como ya os conté aquí), fui con una amiga al Molly Market. Este finde tenemos el Nómada. Ya sabéis que me gusta hacer promo de marcas que están empezando, porque tienen ideas frecas, defienden la artesanía, y luchan contra un mercado globalizado low cost que devora todo lo que pilla a su paso. De entre todas las marcas que vi en el Molly y aún no os he hablado, quería resaltar una que me llamó la atención por dos cosas: la primera, las piezas que hacen que son muy chulas; la segunda, la coherencia de su marca.
Dando un paseo por estos mercados, cada diseñador te cuenta qué ideas hay detrás de su marca, o qué procesos de elaboración y materiales utilizan. En uno de los stands, nos llamó la atención el display del puesto. Todo era temático, relacionado con la cocina: piezas de joyería colocadas en ralladores de fruta, cucharas de palo, tablas de cortar, botes metálicos y de vidrio, corchos de botellas... El diseñador se acercó y nos contó la idea detrás de la original puesta en escena: "esta marca está dedicada a las personas como yo que, por gastarnos el dinero en otras cosas, tenemos vacía la nevera". Y así es como se llama la marca: "Vacía la nevera". Los diseños de esta marca son frescos y originales. Todos ellos forman un universo en torno al mundo de la cocina, tan familiar y tan agradable en la mente de todos. Si os parece que el nombre engancha, y la filosofía del diseñador os parece graciosa, seguid leyendo, porque os va a encantar.
Display de productos en Molly Market
Display de productos en Molly Market
Algunos de sus diseños siguen la temática de la comida: pendientes con forma de cerezas, anillos con manzanas, creaciones con nombres tan apetecibles como "limoncello", "mostaza, por favor", "fresa andaluza" o "caramelo Dandy". Como véis, todo temático, pensado y coherente. Eso hace la marca muy atractiva. Os dejo algunos de sus frescos diseños, para que los hagáis una idea.
Collares de Vacía la Nevera
Collares de Vacía la Nevera
La presentación de los productos es tan buena al natural como en su web, donde las fotos son muy bonitas, y hacen justicia a los productos, cosa que no ocurre con todas las marcas emergentes. Y eso es una pena, porque una mala presentación hace perder muchos clientes. En este caso, cada detalle está cuidadísimo.
Pulseras de Vacía la Nevera
¿Os dais cuenta? El nombre, la tipografía, los colores, el diseño de la disposición del stand, el catálogo... Todo construye una marca e influye en la impresión que un cliente se forma de nosotros. Y en definitiva, de si nos recordará o no.
Pendientes de Vacía La Nevera
Anillos de Vacía la Nevera
De entre todas las piezas, me ha encantado esta nuez. Me parece un complemento muy original. Las nueces tienen algo que siempre me ha parecido encantador y mágico.
Collar Nuez de Vacía la Nevera
Os va a gustar mucho el catálogo, encuadernado con una cuchara de madera. Los cartoncitos sobre los que nos preparan las joyas, tienen forma de nevera. Como véis, está todo cuadrado hasta el último detalle.
Catálogo y diseñador de la marca
Presentación de los pendientes de Vacía la nevera
Os dejo para terminar la historia de su creador, Rubén Morales, narrada por él mismo
"De pequeño, una hoja en blanco para mí era toda una aventura. Me podía
tirar horas con las temperas, pinceles y alpinos que desde siempre
fueron mis regalos de cumpleaños y navidad. Con tan solo seis años
participé en un concurso de arte en el cole. Se trataba de hacer una
pequeña escultura de arcilla. Diseñé un palillero con forma de muñeco de
nieve. La nieve no era otra cosa que granos de arroz pegados a la
figura. Llevaba un gran gorro de copa que guardaba un montón de
palillos. La base que lo sostenía también era de arcilla y llevaba mis
iniciales, RM, marcadas.
Recuerdo la ilusión que me hizo ganar el Primer Premio y ver expuesta mi
pequeña obra en una vitrina.
Después de veinte años me matriculé en el IED, donde estudié diseño y
aprendí todo lo necesario sobre como poder llevar a cabo una idea. Al
finalizar los estudios llegó la gran pregunta. ¿ Ahora qué? Entonces
nació ❤vacía la nevera❤, una marca de joyería y bisutería artesanal en
la cual participo en todo el proceso creativo ( diseño, producción,
fotografía o marketing).
En estos momentos sigo formándome en el IES Barajas como JOYERO para
seguir aprendiendo todo sobre la joyería y sus materiales."
El post de hoy comienza en un trozo de papel de una libreta en un hotel de Londres. Tres compañeros de trabajo reunidos hablan de las posibilidades de su nuevo proyecto juntos. Cada uno expone su punto de vista, y uno hace en un trozo de papel un boceto para explicarles a los otros dos la idea que tiene en mente. Esta escena sucedió hace muchos años. Sin embargo, el otro día yo estuve mirando justamente ese trozo de papel, colgando en una pared de una de las salas de exposiciones de CaixaForum. Estaréis intrigados por saber quiénes son esas tres personas. Os lo voy a contar, aunque no creo que en principio os suenen mucho.
Gabrielle Enthoven, Serguèi Pavlovich Diàguilev y Vaslav Nijinsky
Quien hizo el boceto en el pedazo de papel del hotel Savoy de Londres, fue Vaslav Nijinsky, un afamado bailarín de los Ballets Rusos. Sus compañeros eran Gabrielle Enthoven y Serguèi Pavlovich Diáguilev. Éste último fue el director y creador de la compañía de danza los Ballets Rusos, fundada hace ahora cien años. Su mayor logro fue revitalizar el panorama de la danza, encargando sus producciones a los mejores artistas, coreógrafos y compositores de la época.
Hoy os hablo de una exposición que ya no se puede visitar en Madrid (terminó el 3 de junio), pero aún así quiero compartir mis impresiones. Hace unos días, cuando fui a CaixaForum, me dirigía a ver otra muestra, pero decidí darme una vuelta por esta expo para conocer algo más del mundo de la danza (de ahí el fallo de cálculo con respecto a la fecha en que terminaba). El recorrido me encantó, sobre todo porque cuenta con piezas como el trozo de papel que ha dado paso a esta reflexión. Papeles, bocetos, maquetas, dibujos o carteles anunciadores, son piezas que normalmente se entienden como parte del proceso, pero no se exponen. No son la obra final. Están escondidas a nuestros ojos. Sin embargo, son la parte más interesante del proceso creativo. En esta exposición se muestran maravillosos carteles de artistas como Pablo Picasso o Valentin Serov, anunciando los Ballets Rusos. Se muestran bocetos de los figurines de vestuario (si alguien que esté estudiando escenografía lee este post, que no deje de pasar la oportunidad de ver exposiciones de este tipo), maquetas de escenografías hechas con madera y cartón, pinturas a gouache, tinta y témpera, y, en resumidas cuentas, todo el proceso de creación de los artistas involucrados en el desarrollo de un espectáculo como es la danza.
Los Ballets Rusos se refugiaron en España en la Primera Guerra Mundial. Alfonso XIII respaldó a la compañía, permitiendo que actuaran en Barcelona y Madrid, y que hiciesen un gira por el país. Este vínculo con nuestro país, hizo que Diáguilev involucrase a artistas españoles en el diseño de sus escenografías. En esta exposición podemos ver el escenario y la colección de figurines de "El Sombrero de Tres Picos" que realizó Picasso, que es una maravilla. Esta faceta de muchos artistas es bastante poco conocida, pero muy interesante. El trabajo de Picasso es magistral.
Boceto para la escenografía de "El Sombrero de Tres Picos" realizada por Picasso
Figurines para el vestuario de "El Sombrero de Tres Picos" de Picasso
Mi vestuario preferido de la exposición, es el creado por Giorgio de Chirico para el ballet Le Bal. Es totalmente como entrar en uno de sus cuadros.
Un espectáculo como el ballet se programa para una serie de días y horas determinadas, pasadas las cuales, solo quedarán para el recuerdo los vestuarios, los carteles, los bocetos, el atrezzo, las maquetas, y hoy en día la grabación de la actuación. Pero la experiencia ya nunca volverá a ser la misma. Ver el proceso creativo detrás de estas piezas de los Ballets Rusos da muchas ganas de poder verlos en acción.
Personalmente nunca me ha gustado ver exposiciones de vestuario, porque me parece que los vestidos puestos en maniquíes pierden toda la magia que tienen cuando están enfundando a gráciles bailarines. Quizá por eso no era mi intención entrar en la exposición, pero un detalle a su favor incluso en este sentido, es que muestran fotografías de época de los bailarines posando con los trajes, y uno puede imaginarse un poco más cómo fue aquella función.
Serge Lifar y Alice Nikitina en La Chatte (La gata) en 1927
Dicen que Diaghilev nunca dejó que grabasen en cine sus actuaciones. Primero, porque el cine era aún mudo, y segundo porque era el blanco y negro. Esto quitaba al espectador más del 50% de la experiencia que tendría al ir a ver el ballet al natural. Al ver las fotos en blanco y negro de los vestuarios y escenarios pasa un poco lo mismo.
No sé si a Diaguilev le hubiese gustado esta exposición, en la que exponen hasta el último recibo de su estancia en un hotel que se quedó sin pagar. Amí me ha encantado esta exposición porque es una historia del proceso de creación de un espectáculo, y de una fórmula para el éxito: poner a trabajar a los artistas de vanguardia para producir obras visuales nunca antes vistas.
Grabrielle Enthoven debió de verlo claro cuando guardó aquel trozo de papel en el hotel Savoy de Londres en 1911 con el boceto realizado por el balarín Nijinsky, comenzando así la colección de Teatro y Performance del Museo de Victoria y Albert.
Os dejo un par de vídeos para que os apuntéis a la próxima: