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| Fotografía de Chema Madoz |
Hay una reflexión que he hecho personalmente miles de veces, pero nunca la he compartido aquí. Quizá alguien pueda ayudarme a salir de mis cavilaciones y entender qué pasa en el mundo.
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| Fotografía de Chema Madoz |
Hace unos años estuve hablando con mi hermano sobre el arte contemporáneo. Se nos ocurrió preguntarnos por qué el arte plástico es la única faceta de la cultura que no entiende ni comparte la gente joven (al menos el grueso de la gente joven). Os pondré un ejemplo, comparándolo con la música. Hay millones de adolescentes y jóvenes que se vuelven locos con la música pop, la música electrónica, el rap o el rock. Millones de fans a lo largo y ancho del mundo defienden sus novedosas propuestas musicales frente a sus predecesores, padres, abuelos, profesores o hermanos mayores, quienes están, a sus ojos, totalmente desfasados. A los mayores esta música se les antoja ensordecedora, y no entienden lo que los más jóvenes encuentran en unos sonidos que para ellos son estruendosos, y en unas letras que nunca se han parado a escuchar.
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| Fotografía de Chema Madoz |
Hay escritores que se han convertido en best sellers por la gran acogida que han tenido entre la gente joven, como Stephanie Meyer (creadora de la saga "Crepúsculo"), J. K. Rowling (progenitora del personaje de "Harry Potter"), Blue Jeans (quien se hizo famoso debido a una serie de libros que empezó con "Canciones para Paula") o Federico Moccia (cuyos relatos de amor se han hecho mundialmente famosos, empezando por "A tres metros sobre el cielo").
He leído a todos estos autores, y os diré algo. Quizá no sean los autores que nuestros nietos estudiarán como los iconos de la literatura de nuestra época, y seguramente sus biografías no "caerán" en la Selectividad del año 2253. Sin embargo, estos autores hacen que millones de niños, adolescentes y jóvenes devoren libros y dejen volar su imaginación. Hacen que nuestros niños pidan libros para sus cumpleaños en vez de videojuegos, y que frecuenten las bibliotecas. Es muy importante que los más jóvenes se den cuenta de que en los libros hay muchas soluciones para los problemas de su día a día. Siempre hay un libro que puede ayudarte en un momento de tu vida, porque una vez, una persona que estaba pasando por algo parecido, lo tradujo a palabras y escribió una historia. Encontrar ese libro, en ese momento de tu vida, es encontrar a alguien, que en otro espacio y en otro tiempo, te está dando un valioso consejo. Estos autores conectan con nuestros jóvenes lectores más que Cervantes con su Quijote. Tenemos que entenderlo. Y por ello, tenemos que admirar a estos escritores, ya que cumplen con una gran labor en nuestra cultura. Sin unos comienzos de disfrute en la lectura, uno no seguirá adelante con este recomendable vicio que es leer.
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| Fotografía de Chema Madoz |
Pensamos en el cine, y nos damos cuenta de que muchas de las películas que atraen a millones de espectadores, están basadas en esos mismos relatos best seller. La verdad es que los títulos favoritos de los adolescentes suelen ser los que hablan de los problemas de su particular mundo: de amor, de amistad, de acción. Los jóvenes y adolescentes están muy al día en el mundo del cine y de las series televisivas.
Sin embargo, cuando uno se refiere al mundo de las artes plásticas, el panorama cambia radicalmente. Muchas veces, al preguntar en una clase de adolescentes de 16 años cuántos habían ido a ver una exposición que no fuese en el Museo del Prado con el colegio, la respuesta ha sido uno o dos alumnos en una clase de treinta.
Si uno les muestra una obra de Kandinsky (y mira que hablamos de un artista que produjo obra hace más de un siglo), la primera reacción es:
- "¡Pero si eso también lo pinto yo! Eso no es arte"
Me gusta hacerles caer en la cuenta, de que les gusta sentirse los más modernos del mundo, pero son igual de anticuados que sus abuelos cuando se refiere al arte. Fijaos que la diferencia es radical. En la música y en la literatura o el cine, los más jóvenes defienden lo que sus mayores detestan. En las artes plásticas, los niños repiten exactamente lo que seguramente han oído muchas veces en boca de sus padres o abuelos: Los artistas contemporáneos son unos caraduras que intentan hacerse ricos tomando el pelo a los cuatro tontos que se creen el rollo intelectual que venden con sus obras.
Uno de mis objetivos en clase es intentar cambiar el comentario "Eso no es arte" por "Ese tipo de arte (o ese artista) personalmente no me gusta (o no entiendo su obra)".
Comprendo que a un adolescente no le guste el teatro o la ópera, porque son formas de contar historias que no conectan con el mundo vertiginoso plagado de imágenes y relatos en tres dimensiones de los videojuegos y el cine 3D. Pero es curioso que aún entiendan mejor a Velázquez que es del siglo XVII (o crean entenderlo) que a Daniel Canogar, quien habla, crea y vive ahora mismo.
Está claro que uno de los problemas es la falta de formación en el mundo del arte. Siempre pensaré que historia del arte debería de ser una asignatura obligatoria, igual que historia de España, o literatura. Los artistas nos dan perspectivas muy personales de la época que les ha tocado vivir, y por lo tanto de su pedacito de historia. Dedican su vida y su talento a ello, aunque a veces esto les lleve a vivir en la más absoluta de las miserias.
Desde luego, mientras yo siga en el mundo de la educación, los alumnos que pasen por mis clases, aprenderán a mirar con otros ojos el arte contemporáneo, y a preguntarse qué es lo que cuentan los artistas con sus obras.
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| Fotografía de Chema Madoz |
Una vez Pedro Lozano, un profesor de la Facultad, me dijo que él pensaba que cuando uno entra en una sala a ver una exposición, es como cuando entra en la Bolsa. Yo no puedo esperar entender lo que ocurre con todos esos números, las acciones, el ibex 35, las subidas y las bajadas sin haber estudiado antes cómo funciona la economía. De la misma manera, no puedo esperar entender a un artista si no he estudiado qué es lo que pasó en su vida, en su época, y, en resumidas cuentas, lo que pasó por su cabeza para producir su obra.
Pedro tiene razón. Y entonces el problema se hace más grande. Las películas, los libros, la música que requieren conocimientos previos para ser entendidos, normalmente gustan a una minoría intelectual. Si a la poca formación que tiene la mayor parte de la sociedad en arte le añadimos que el mensaje de muchas obras está encriptado, entonces nos encontramos con una barrera muy difícil de derribar.
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| Fotografía de Chema Madoz |
Por eso a mí me gusta llevar de la mano a los alumnos ante la obra de algunos artistas, y enseñarles a desentrañar el misterio de lo que quieren contar. Primero enseñándoles cuándo y por qué surgen las vanguardias históricas y por qué el arte cambia para siempre. Cuando son un poco más mayores, mostrándoles el trabajo de artistas que están trabajando ahora mismo, y a los que no hace falta estudiar mucho, porque sus imágenes lo dicen todo. Muchos alumnos se ríen porque a lo largo del año les enseño muchas imágenes de mi fotógrafo preferido: Chema Madoz. Suyas son todas las imágenes con las que he ilustrado esta entrada, y creo que no hace falta leer su biografía para entenderlas. La mirada de Chema Madoz es clara, nítida, directa, y sobre todo inteligente. Es el tipo de obra con la que los alumnos se animan a intentar entender qué nos cuentan las imágenes. Es el tipo de artista cuya mirada crea nuevos mundos que nos invitan a pasar sin entrada VIP ni carta de presentación. Es un artista que espero que algún día ponga nombre a calles y plazas. Después de ver fotos de Chema Madoz, los alumnos miran "Las Meninas" y me preguntan: ¿Y entonces ese cuadro antiguo qué quiere decir? Y entonces, mirando a esas criaturas de hace cuatro siglos ni más ni menos, me digo que mi trabajo sirve para algo.
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| La mirada de Chema Madoz |